Una duda sobre la ‘dimensión infrapolítica’ (re: segunda sesión del seminario, 9 de septiembre del 2014). By Sergio Gutiérrez Negrón.

[Acá unos comentarios al vuelo que me surgieron con respecto a la última sesión. De antemano me disculpo por el repaso, pero se me hace necesario para ir pensando yo mismo.]

En “Piel de lobo”, según lo leí, se apunta hacia tres “instancias” a las que, hoy por hoy, bien podríamos calificar infrapolíticas: (1) una dimensión infrapolítica (la dimensión práctico-especulativa de la que habla el artículo); (2) un gesto infrapolítico (la distancia de la distancia,  la deconstrucción como modo de aproximación, un pensamiento an-árquico, ¿una mueca infrapolítica?, “infrapolitics as a theoretical practice, as a field of engagement”), y (3) una actividad infrapolítica (la actividad en la dimensión práctico-especulativa infrapolítica; la actividad que sería posible atisbar, aunque fuese sólo a modo de celaje, mediante el gesto infrapolítico). [A pesar de que las separo por motivos de claridad, se me hace claro que se traslapaban y que bien pudieran ser una y la misma instancia.]

Creo que la primera parte del seminario de hoy (9 de sept) se enfocó en más o menos sondear la primera de esta, la dimensión de lo infrapolítico. O, por lo menos, se exploró ello mediante la discusión de la dimensión ética y política en Levinas, los ejemplos discutidos, y las preguntas de Michela. Inevitablemente, también, y para bien, se discutió el segundo de estos, el gesto infrapolítico o la mueca infrapolítica, el gesto crítico deconstrutivo, como cuando se dijo que “infrapolítica es un modo de práctica teórica”, “a thought that refuses to separate acting from thinking”. Esta segunda instancia fue en gran medida lo que se abordó en la primera sesión del seminario (2 de sept), durante la cual se apuntó al gesto o mueca infra. como estructura cuasi-conceptual que hace posible abarcar “what we do every day; what we seem to have no way of referring to except by doing it”. Una posible “consecuencia” del gesto infra. sería poder liberar el exceso de la metáfora; separar el actuar del pensar; otra, mencionada hoy, sería que “la consideración infrapolítica mejora la ‘calidad’ de lo político’” (mala cita, traducida in situ).

Lo que menos se ha tocado, y aun es temprano, sería la cuestión de la tercera “instancia”; la actividad infrapolítica. Ahí más o menos yacen mis dudas, aunque aun no puedo elaborarlas en relación directa con lo que sería ese rango de actividad infrapolítica, razón por la cual pensaba dejar la pregunta para más adelante. Pero, por eso de traerla a colación, creo que puedo anclar mi pregunta en la cuestión de la dimensión infrapolítica.

Cuando se hablaba de ella, de la dimensión infrapolítica, creo que, justificadamente, la discusión giró en torno al límite externo (o interno, váyase a saber) de la misma, que sería la política. Es decir, hablamos (o hablaron, yo escucho) de la dimensión infrapolítica vis-a-vis la dimensión política. Sin embargo, mientras más se discutía ello, me surgían dudas por el otro lado, supongo que en el “límite interno”; que sería lo cotidiano. Al escribirlo me incomodo, porque sé que dividirlo entre “lo político” y lo “cotidiano” es un gesto bruto, pero quizás haciendo el caveat, pueda ser útil. Si mal no recuerdo, ya se había dicho que la infrapolítica estaba muy lejos de la política, aunque también que era un modo hacia la política. En el seminario de hoy, se distinguió la actividad infrapolítica de la actividad abiertamente política (el cigarrillo y el whiskey del comunista en la casa vérsus la orden o el comando abiertamente político que culmina en despellejamientos); pero ¿cómo podríamos distinguir la actividad infra. de toda otra actividad (el whiskey del orinar que lo precede, por ejemplo)? Esa otra actividad que, para Bolívar Echevarría, por ejemplo, interrumpe el trabajo y no nos permite olvidar que las necesidades a las que obedecemos son de orden artificial, contingentes, no naturales.[1] Otra pregunta sería, ¿habría que distinguir la una de la otra? Eso dicho, ya en mis notas de la sesión del 2 de sept. anoté que me parecía que el gesto infrapolítico socavaría “lo cotidiano” en tanto metáfora, en tanto imagen que aúna todo el rango de actividad viva; que una vez se adoptase la mueca infra. se desnudaría la azarosa heterogeneidad del día a día.

Para terminar, dos preguntas colaterales: A todo esto, ante la falta de una relectura mía de Lefebvre, ¿conectaría este proyecto, de algún modo, con aquel de la Crítica de lo cotidiano?

Si, a modo de experimento, pusiéramos los términos espinosistas de habitus y afecto en juego con esta dimensión cotidiana, ¿podría el hábito ser infrapolítico? ¿Lo sería sólo cuando el hábito sobreviviese la ideología que le dio parto (de modo similar al que, en algún lugar de Poshegemonía, si mal no recuerdo, Beasley-Murray postulaba para resaltar la potencialidad de una ‘micropolítica’ del afecto—y esto último está lejos de ser una cita, y no es más que un recuerdo de una lectura)?

[1] “A la dimensión ordinaria, mecánicamente repetitiva de su actividad, el ser humano ha debido añadir otra, excepcional, que la interrumpe y perturba, que no le deja olvidar que la necesidad a la que él obedece es de orden artificial y no natural, que es una necesidad puesta por él mismo, contingente, y no una simple prolongación de la necesidad que impera en la naturaleza.” (51) Echevarría, Bolívar. “Deambular: El ‘Flâneur’ y el ‘valor de uso’”, en Valor de uso y utopía (1998)

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