Martínez Marzoa y la forma de lo civil. Democracia y descualificación. Por Guillermo García Ureña.

Quiero detenerme sucintamente en algunos aspectos de la obra de Martínez Marzoa y conectarlo con una pregunta que se hizo (creo que fue Ludmila) en la sesión sobre el libro de Zivin acerca de la relación entre democracia y marranismo. En la obra de Marzoa no se trata la cuestión de lo marrano, pero creo que a partir del concepto de lo civil se puede establecer una conexión entre marranismo y democracia.

Para Marzoa, con el concepto de lo civil se accede a algo “nuevo”, que “no se da por sentado” a partir de autores como Hobbes, Spinoza y otros, lo que supone en estos autores un proceso de separación o distancia respecto de la tradición anterior (en lo cual será clave la distancia de la comunidad); pero otra de las claves, quizá no tan explícita, es la consciencia tardomoderna desde donde se habla (esto es, en distancia también respecto de la modernidad, quizá no como rechazo de sus presupuestos sino como radicalización de los mismos). Esto produce que la textualidad, por caso la de Hobbes, y en especial lo que tradicionalmente ha podido significar, se nos presente en disonancia o desajuste con lo que apunta Marzoa; por ello no hay que perder de vista el enfoque formal con el que hace sus lecturas (formal como opuesto a materia en Kant, no como “forma” como los manuales de lógica).

La clave en esta cuestión, según lo entiendo yo, es la negación de todo contenido vinculante (esto es, contenido que refiera a una identidad, comunidad o jerarquía material de valores) en lo político, como condición fundamental de la democracia. Precisamente pensar una democracia desde la desligación, lo cual no niega trazas de identidad, comunidad, etc., sólo que estas no pueden ser el objeto de la política. Un rechazo de la lógica de la identidad (pero también de la reivindicación y afloración de múltiples diferencias como otra cara de la misma lógica), como condición de posibilidad de un pensar la política de modo garantista, esto es, sin distingo por quién sea uno. O lo que es lo mismo, la descualificación radical como condición de la trabazón social en democracia. La disolución de la lógica de la identidad en una política donde el secreto queda a resguardo.

Breve nota acerca de la posición de Martínez Marzoa respecto del nihilismo. By Guillermo García Ureña.

Acerca de la cuestión del nihilismo en Marzoa y Derrida. Mi intervención venía a expresar dudas acerca de una oposición que Alberto establecía entre abrir una brecha hacia un algo otro que el nihilismo (y ahí situaría, si no me equivoco en resumir lo que dijo Alberto, a Levinas y a Derrida) y una comprensión de nuestra época o tiempo nihílico como insuperable, ante lo que no quedaría más que hermenéutica (aquí entraría Leyte y Marzoa). Yo pienso que esta oposición nos lleva a malentendidos a la hora de leer la obra de Marzoa. Del modo en que la entiendo, no es que no haya un más allá del nihilismo o que su pensamiento se conforme con el mero comprender, sino todo lo contrario. El problema de la situación nihílica como nuestro tiempo es que no se manifiesta como tal, y de ahí que la tarea no sea otra que la asunción del nihilismo por cuanto en su comparecer estaría, entiendo yo a Marzoa, su disolución o su posible apertura a otra cosa. En este sentido la tarea de comprender el nihilismo no es una actitud complaciente anti-praxis sino la continua sospecha de que la práctica como salida del nihilismo no sea sino otra forma de encubrirlo, sea en forma de fetichismo (que vela el principio de intercambiabilidad de las cosas entre sí), sea en forma de recuperación de valores, en la forma nietzcheana del último hombre.

No niego que la falta de diálogo (al menos explícito) con otros pensadores de influencia heideggeriana, por caso Derrida, haya quitado alcance a las obras de Marzoa y Leyte, pero en todo caso no veo que la obra de Marzoa no vaya en dirección de una salida del nihilismo, sino que su estilo (por seguir el hilo aquí apuntado) le lleva por un camino distinto en la asunción del nihilismo, más parco y menos original, pero no por ello no deconstructivo con la metafísica (de ahí el subproyecto que tenemos en marcha de una interpretación de Marzoa desde el seminario de Infrapolitical Deconstruction).