Good riddance! Apuntes sobre Marranismo e Inscripción. (Sara Nadal-Melsió)

Marranismo e Inscripción (Escolar y Mayo, 2016) traza un itinerario en tres estadios, cada uno marcado por efectos narrativos de sujeto que se descomponen en cada uno de sus tramos, como huellas borradas: la autobiografía/autografía intelectual, la entrevista-conversación, el ensayo teórico, la lectura interesada. En su centro aparece un dispositivo y un cálculo en los que el pensamiento se narra como huida para terminar convertido, en su tránsito por la escritura, en causa y razón, en militancia incluso. La autografía, la escritura como inscripción, permite a Moreiras, permutar la narrativa de un sujeto académico plenamente interpelado por la institución por una práctica de lo propio desde su afuera. Su propuesta se nos presenta como una táctica de apropiación de lo que se mantiene externo a la institución: la existencia y su facticidad, lo absolutamente singular en su contingencia.

Así la escritura de propio, el autografismo del marrano, se externaliza para convertirse en herramienta de transmisión no circunscrita ya ni a la enseñanza ni al saber; enfrentada a la producción de consenso a la que tiende el aparato académico y a su reducción de la transmisión a enseñanza, saber y disciplina. La institución no puede interpelar a lo propio, en tanto lo propio es un ejercicio de singularidad que no pertenece a la narrativa de sujeto. Lo propio funciona en el texto como un enigma estructurante. Moreiras es el enigma y el no-sujeto que se escribe frente a nuestros ojos mientras se descose como académico, como miembro de la institución y acatador de sus leyes.

Lo que transmite aquí Moreiras es la fidelidad a una idea impersonal que excede al sujeto. Se trata de un cálculo que está ahí desde el principio como intuición y que sólo puede vivirse como error o falta. Diría incluso que esa impersonalidad está en el centro de la tragedia académica a la que se alude como trauma del sujeto. La academia solo acepta y produce sujetos plenamente interpelados, todo lo demás simplemente no existe. En ese sentido es una estructura schmittiana de gobierno, no solo de amigo/enemigo, sino de sujeto y no-sujeto. El no-sujeto de lo impersonal no tiene cabida en su seno pero es también justamente el exceso impersonal lo que sobrevive a su tragedia, a la pérdida del cobijo académico y su producción de identidades.

Esta impersonalidad, anclada en el centro de un texto personalísimo, reclama un más allá de la voz que nos habla, nos cuenta y reflexiona sobre su insomnio, su desenganche del sujeto académico y de su falso cobijo. Maurice Blanchot tenía muy claro que escribir equivale a pasar de la primera a la tercera persona. Y esa tercera persona es también el lugar que Roberto Esposito describe como “la vela alucinada del insomnio” en Tercera persona: política de la vida y filosofía de lo impersonal. Cito:

“…no el yo que vela en la noche, sino la noche que vela dentro del yo despojándose de su rol de sujeto, de su identidad de persona, de su capacidad de imputación. Un acontecimiento, llegado desde afuera y dirigido hacia fuera, que se sitúa en un nivel completamente exterior respecto a la esfera personal de la conciencia.” (Esposito, 187).

El insomnio que acecha el subtítulo de Marranismo e inscripción: ‘Más allá de la conciencia desdichada’ alude a una escena originaria en la que la pérdida es aún solo eso. La lucha agónica y especular entre la primera y la segunda persona de “Mi vida en Z”, su tragedia, queda a lo largo del texto definitivamente desplazada en favor de una tercera persona que es a la vez singular y plural, ya que se relaciona con el mundo a través de su diferencia y nunca de su identidad interpelada. La solución está no solo en asumir la pérdida sino en celebrarla. El proceso no es reversible porque la lógica ternaria es irreducible ya a la binaria. No hay vuelta atrás: adiós a la conciencia desdichada. Good riddance!

El dispositivo teórico de Marranismo e inscripción demanda una estructura triple, liberada finalmente del agonismo trágico del diálogo a dos bandas (la lucha a muerte entre el tú y el yo que la institución demanda). A mi personalmente este dispositivo me recuerda un poco a la passe lacaniana, que es también la inscripción de la voz de la tercera persona, un salto de la tragedia a la política de la comedia, a su picaresca, a su ‘make-do’ con lo dado. Así, la relación central del texto, la relación entre vida y pensamiento, bios y logos, deja también de ser binaria una vez aceptamos que ni la una ni la otra coinciden con la subjetividad y sus trampas. La vida pensante que ejerce el “moralismo salvaje” propuesto por Moreiras solo puede ser impersonal, cómplice con la facticidad del mundo y su exterioridad.

En la textualidad misma de Marranismo e inscripción se produce otra no coincidencia, esta vez entre la letra y la voz, la aporía en la que texto se instala. El desborde producido por la voz propia amenaza con descoser la continuidad de la letra y su capacidad de construir una opción de lenguaje subjetiva. La singularidad de la voz es un índice de su exterioridad: la voz es siempre otra. Y escuchar la voz en la letra es desdoblar su identidad y su identificación monológica. La voz es siempre marrana y la cuestión es cómo sostener esa tonalidad en el acto de la escritura. Es ahí donde la picaresca de la voz de Alberto actúa como soporte de su marranismo, como antídoto a la institucionalización de su escritura.

Asimismo, asumir el accidente del marranismo (el “no querer estar nunca allí donde lo ponen”, 49) es un acto de voluntad política y una entrada en un mundo más allá del yo que demanda la incorporación de lo ajeno como propio. Se trata pues de un acto retroactivo que señala la extraversión como momento de inflexión; inscripción que transmuta la necesidad en elección, lugar al que sólo se llega después de pasar por el desierto y verse de bruces enfrentada a lo que no es “ni inagotable ni subsumible” (Moreiras, 56): la existencia como resto y como supervivencia. Algo que convierte a la precariedad de la superviviente, que sabe bien de la fragilidad del sujeto como cobijo, en condición voluntaria desde la que iniciar un ergon propio. Una práctica de no-sujeto que ponga a trabajar el tiempo exterior de la existencia, su singular facticidad, la de una vida no intercambiable con ninguna otra.

 

*Position Paper read at book workshop “Los Malos Pasos” (on Alberto Moreiras’ Marranismo e Inscripción), held at the University of Pennsylvania, January 6, 2017.

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