¿Deconstrucción menor? Alberto Moreiras.

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Este es un documento de discusión interna al grupo. Hacerlo público es respuesta a algunas demandas de clarificación sobre qué es lo que está en juego en el proyecto. Espero que ayude—no se trata de ser críptico o de rehusar clarificaciones, sino más bien de no hacer clarificaciones apresuradas que comprometan el proceso de reflexión colectiva. Este documento también es respuesta a la reflexión de Jaime Rodríguez Matos que es comentario a su entrada O Friends, que puede encontrarse más abajo.

Creo que es claro que no puede ni podría nunca haber un “Masonic we of infrapolitics.” Imagino que la sospecha no va tan lejos: la sospecha–y hay que recordar que esa sospecha está muy limitada a cierta gente, no es una sospecha general, es la sospecha de la gente que cree y quiere poder competir con nosotros en algún campo simbólico de batalla–es meramente pensar que hay un “Masonic we” en el grupo que intenta empujar la infrapolítica. Eso, en nuestras condiciones objetivas, es absurdo–nuestras actividades en cuanto grupo, fuera de la discusión interna, se limitan a organizar algunos paneles y algunas reuniones, algunas publicaciones. No hemos hecho más ni tenemos condiciones objetivas de poder académico que nos permitan hacer más, incluso si quisiéramos. Como siempre en estos casos, la sospecha de “Masonic we” es un falso pretexto que permite a los que la usan tenernos a distancia–eso es todo. Y siempre es así. No cabe olvidar lo absolutamente trivial de todo este asunto. En realidad lo que hemos oído y estamos oyendo de algunas personas es simplemente: “no se sabe lo que dicen, nadie entiende nada o se entiende muy poco, por lo tanto lo que dicen no tiene importancia alguna, no para nosotros, no por el momento, no hay que ocuparse de ellos excepto en el sentido de mantenerlos a distancia, porque ya se sabe que son o pueden ser peligrosos.” Esto ha pasado siempre que se plantea algo de carácter teórico en el mundo académico, donde no hay tolerancia excepto para lo siempre ya establecido. Por lo tanto, la única forma efectiva de responder a esto es la que siempre hemos identificado como tal: escribir y publicar, y por supuesto tratar siempre de hacerlo de la mejor forma posible.

Pero tu comentario, Jaime, suscita el otro asunto que es a mi juicio mucho más interesante. Tengo el libro nuevo de Geoffrey Bennington pero no he comenzado a leerlo, y posiblemente no pueda llegar a ello hasta septiembre u octubre, cosa que lamento. Pero por lo que cuentas tú: creo que es cierto absolutamente y siempre lo ha sido que no hay ni puede haber una “politics of deconstruction.” En realidad este pensamiento es fundacional para nosotros, y está inscrito en el nombre mismo del grupo. La deconstrucción permite, sin embargo, el acceso a la infrapolítica, esa es por una parte su radicalidad, y también por otra parte la razón de que el proyecto de infrapolítica emerja desde el primer momento como una consecuencia necesaria de la deconstrucción. En algún momento se habló de si tendría sentido hablar de la infrapolítica como metadeconstructiva, y ayer planteaba yo a propósito de “Philopolemologie” si la infrapolítica busca moverse a un “tercer espacio” que ya no es el de la destrucción heideggeriano-derrideana de la metafísica (no porque sean la misma, sino porque son dos líneas que tienen un punto de partida común en Ser y tiempo y en el acontecimiento Ser y tiempo, aunque diverjan hasta el punto de “ruptura” recíproca). (No hay ruptura sin más, no podría haberla sin cambiar de lengua o abandonar la lengua, pero tampoco se trata de invocar una continuidad infinita de amanuense y copista que sólo pasa a limpio la Palabra.  Pienso en el Nietzsche que decía que no podemos librarnos de Dios si antes no nos libramos de la gramática [y en el libro de Klossowski, Nietzsche y el círculo vicioso, que es en su totalidad una glosa de esa frase, pero que termina en el delirio psicótico.] Por eso no puede haber ruptura. Pero puede haber “ruptura” en el sentido de desplazamiento–como la que Heidegger opera en el texto hegeliano, etc. O como la que Deleuze y Guattari operan, siguiendo a Blanchot y otros, en el texto literario al proponer la idea de literatura menor. Quizás la infrapolítica podría plantearse como deconstrucción menor+.)

La especificidad del proyecto, entonces, hay que pensarla en esa zona gris que atiende a las presuposiciones de la deconstrucción. Igual, me parece, que hay gente que resiste el proyecto (en el sentido específico demaniano de “resistencia a la teoría”) porque el proyecto aniquila sus presuposiciones en el terreno literario o estético, o en el terreno más pedestre de metodologías críticas y así de avance profesional convencional, también puede haber gente que no quiera considerar la posibilidad misma de un entendimiento de la deconstrucción emprendido con el fin de dar un paso atrás, o de pensar lo impensado de la deconstrucción. Por supuesto que esto último es muy difícil, pero conviene también dar por supuesto que esa es la labor propiamente filosófica, que no puede darse nunca en el nivel de la glosa infinita. La pregunta que yo llamaba decisiva ayer es entonces si se hace posible para nosotros pensar lo impensado de la deconstrucción en el sentido de la infrapolítica. Por supuesto para mí no es cuestión de dar una respuesta ahora. Esa es la tarea de los famosos diez años. Si no perdemos tiempo o el norte por el camino, claro.

Una primera presuposición a la que podríamos llamar metodológica es la siguiente–la propongo para discusión. Igual que el texto hegeliano le permite a Heidegger un movimiento de desplazamiento, el texto heideggeriano le permite a Derrida leerlo hacia la deconstrucción, invocando con frecuencia insistente a Heidegger como el polo del desplazamiento mismo. Si esto es así, conviene pensar, incluso axiomáticamente, que hay trazas en el texto de Derrida que nos permitirán a nosotros hacer lo mismo–lo “mismo,” es decir, pensar lo impensado en la deconstrucción. Esa sería la “ruptura” infrapolítica, que es también su “transfiguración.”

No sé si es poco obvio para otros–para mí, es obvio–que todos los gestos relevantes de nuestra reflexión en los últimos dos años se han movido en esa dirección.

 

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