Preguntas sobre infrapolítica/impolítica

Preguntas sobre infrapolítica/impolítica

Jaime Rodríguez Matos

¿Cómo entender las últimas páginas de Categorías de lo impolítico de Roberto Esposito? ¿Podríamos partir de ahí para empezar a pensar una posible distinción entre impolítica e infrapolítica?

Se trata de la imagen de Numancia y de los numantinos que antes de rendirse ante Escipión se dan recíprocamente muerte. En el texto de Goerges Bataille que comenta Esposito, “La représentacion de ‘Numance,’” lo “irrepresentable de la representación es … la decisión de una muerte en común, la comunidad decidida en la muerte” (Esposito 318; Bataille 486-489). Esto resulta opaco desde el punto de vista de la política romana: la pérdida de todo ese mundo es la negatividad sin residuo de lo impolítico (319). Pero más allá de la muerte, lo que se hace imposible representar en este caso es lo común –que no son individuos los que mueren, sino todo un pueblo: “El carácter más irrepresentable de la representación de Numancia consiste en el aspecto común, y por ello, en un sentido sustraído a toda evidencia, político, de su impolítico” (319). Lo político, de su impolítico: lo que se puede representar de lo irrepresentable. Bataille, que tiene como telón de fondo la lucha anti-fascista cuando escribe sobre la representación de Numancia, concluye, no su texto, pero sí el de Esposito con las siguientes palabras:

No hay más que ilusión y facilidad en el hecho de amar a Numancia porque allí se ve la expresión de la lucha actual. Pero la tragedia introduce en el mundo de la política una evidencia: la lucha emprendida no asumirá sentido y no se volverá eficaz sino en la medida en que la miseria fascista encuentre frente a ella algo distinto que una negación agitada: la comunidad del corazón de la que Numancia es la imagen. (en Esposito 320)1

Una negación agitada es lo que sabemos hacer casi de forma automática. Dadas las condiciones de miseria necesarias siempre llega el momento del grito, del “ya basta!” Y no es la imagen de Numancia porque siempre se apoya sobre el presupuesto de una comunidad plena, que no es y nunca ha sido. Y asumirla como el suelo sobre el que nos rebelamos al decir ya basta es haber perdido la batalla antes de comenzar. Entonces: para no quedarnos en la negación agitada es necesario, ante todo, afirmar la irrepresentabilidad irremediable de la de la comunidad y lo común. En este sentido lo común es aquello que no entra nunca en la política. Lo común sería, por ejemplo, la realidad de la catástrofe del esclavo y la esclavitud, que mientras lo tratemos de entender como un problema político solamente no quedará resuelto más que como radicalización de la instrumentalización de la vida. Es decir, mientras el problema de la esclavitud sea sometido a respuestas políticas, éstas solo serán desplazamientos del problema hacia otras zonas. Mientras no nos hagamos cargo de esta imposibilidad, de esa negatividad sin residuo, de lo impolítico, del hecho que en este caso estamos ante aquello que queda totalmente por fuera de la política, nada cambiará –aunque cambien las formas en las que se presente. Esposito, en voz de Bataille, se pregunta: “¿Cómo ‘escuchar’ políticamente lo que está fuera de la oposición política (de lo político), fuera del choque entre partes contrapuestas?” (320).

La cercanía entre Esposito y Bataille es extrema en estas últimas páginas. Esposito recurre al texto de Bataille diciendo que éste provee la conclusión de su libro. Resulta interesante por esta razón prestar atención al hecho de que la conclusión de Esposito/Bataille no es la conclusión de Bataille. En el breve texto de 1937, la conclusión añade una distinción de la que Esposito no se hace responsable más que de forma implícita:

El principio de esa inversión es simple. A LA UNIDAD CESARIANA QUE FUNDA UN JEFE, SE OPONE LA COMUNIDAD SIN JEFE REUNIDA POR LA IMAGEN OBSESIVA DE UNA TRAGEDIA. La vida exige hombres reunidos, y los hombres sólo se unen por un jefe o por una tragedia. Buscar la comunidad humana SIN CABEZA es buscar la tragedia: matar al jefe es en sí tragedia; sigue siendo una exigencia de la tragedia. Una verdad que cambiará el aspecto de las cosas humanas comienza aquí: EL ELEMENTO EMOCIONAL QUE DA VALOR OBSESIVO A LA EXISTENCIA COMÚN ES LA MUERTE. (488-489)2

El recorrido de la escritura impolítica que hace Esposito en su análisis de figuras como Canetti, Weil, Broch, representa una diferencia significativa de cara a lo que se expone sobre Bataille hacia el final del libro. Para Esposito, ésta es una escritura y un pensamiento en el que es observable una elisión que no es visible en ninguno de los otros. En Bataille, el “confín entre político e impolítico, que puede definirse diciendo que lo impolítico, empujado hacia los confines extremos –el corte de su propia cabeza, la acefalia– reencuentra una configuración política, reconoce (imagina) un punto originariamente anterior a la ‘ruptura’ con lo político. Este punto sigue siendo rigurosamente irrepresentable. Pero esa irrepresentabilidad puede ser ella misma representada, en su radical ausencia de las modalidades de la presencia y, sin embargo, representada” (308). La tragedia, lo impolítico sin cabeza y su escenificación, se hace político justo en el momento en el que se reconoce que hay algo que queda antes o fuera de lo político.

¿Podríamos decir que en tanto que trágica esta imagen de lo impolítico se mantiene plegada de forma demasiado comprometida con la política –y más aún, que insiste de forma contradictoria en la negación agitada precisamente porque asume demasiado pronto la necesidad de reinscripción de lo impolítico en la política? ¿Podríamos decir que la impolítica al limitarse a la no-relación con lo político, es decir, al no tener disponible un concepto como el de poshegemonía se ve obligada a habitar un espacio trágico que aun bajo el signo de la muerte del jefe sigue siendo demasiado político? O en otras palabra, ¿sería posible decir que sin un concepto de poshegemonía lo impolítico solo puede pensar su politicidad de forma trágica?

Notas

[1] “Il n’y a qu’illusion et facilité dans le fait d’aimer Numance parce qu’on y voit l’expression de la lute actuelle. Mais la tragédie introduit dans le monde de la politique une évidence : que le combat engagé ne prendra un sens et ne deviendra efficace que dans la mesure où la misère fasciste rencontrera en face d’elle autre chose qu’une négation agitée : la communauté de coeur dont Numance est l’image” (Bataille 488).

[2] “Le principe de ce renversement s’exprime en termes simples À L’UNITÉ CÉSARIENNE QUE FONDE UN CHEF, S’OPPOSE LA COMMUNAUTÉ SANS CHEF LIÉE PAR L’IMAGE OBSÉDANTE D’UNE TRAGÉDIE. La vie exige des hommes assemblés, et les hommes ne sont assemblés que par un chef ou par une tragédie. Chercher la communauté humaine SANS TÊTE est chercher la tragédie : la mise à mort du chef elle même est tragédie; elle demeure exigence de tragédie. Une vérité qui changera l’aspect des choses humaines commence ici : L’ÉLÉMENT ÉMOTIONNEL QUI DONNE UNE VALEUR OBSÉDANTE À L’EXISTENCE COMMUNE EST LA MORT” (488-489).

Bibliografía

Bataille, Georges. Oeuvres complètes. Vol. 1. Paris: Gallimard, 1970. Print.

Esposito, Roberto. Categorías de lo impolítico. 1988. Trans. Roberto Raschella. Madrid: Katz Editores, 2012. Print.

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3 thoughts on “Preguntas sobre infrapolítica/impolítica

  1. Y quizás no sólo de forma trágica. Hay una oscilación en ese límite de lo impolítico que va de lo trágico (quizá Numancia, quizá la insurrección del Ghetto de Varsovia) a lo estúpido (cuando uno juega a pérdida de forma derrotista, sin reserva: por ejemplo, el que se da a la bebida para olvidar su drama de amor y se queda sin amor y sin posibilidad de drama; el que se autodespide de un trabajo que ha constituido su vida como forma de protesta y se condena a un duelo interminable, etc.).

  2. Se me ocurre, a partir de la definición de “abandono” en el artículo de Nancy de 1981, “El ser abandonado,” que la división zoé-bios sobre la que Agamben funda su teoría biopolítica es insuficiente. El ser abandonado no es zoé, es decir, no es la vida desnuda relegada al oikos, a la esfera de la subsistencia y reproducción. El ser abandonado (es decir, el ser sujeto al abandono político-jurídico) concierne radicalmente al bios en cuanto denegado: el sujeto que siente caer el bando sobre sí sabe que lo que ya ha perdido es su bios, su estructuración como forma-de-vida, pero no por ello es relegado a zoé, no por ello pasa al otro lado de la división de la vida. Necesitamos un tercer término que es justamente el lugar de la infrapolítica–si el bios es siempre ya heliopolítico, si el bios es aquello con lo que uno va al agora y participa en la polis, y si zoé es el lugar de la despolitización máxima (de los esclavos, pero también de los enfermos, etc.), hay algo por el medio que esta división no toca, y que es justamente la khora o materia vital en la que inscribe y se inscribe el bando en cuanto tal, el lugar de la división misma o barra entre zoé y bios. El ser bajo abandono (no hay que ir tan lejos como Numancia: el desempleado, por ejemplo, el despedido, o el represaliado abusivamente, y por extensión todo aquel que elige ese lugar como lugar de dispensación de pensamiento, como “desde dónde”) no es ni bios ni zoe, ya no, ya no sólo, sino que ha sido taladrado por la barra que los separa.

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