Hans Blumenberg, Shipwreck with Spectator. (Alberto Moreiras)

No conozco la obra de Hans Blumenberg, y así no conozco sus presuposiciones. Lo que me interesa en esta nota es sólo iniciar una exploración, tentativa en la precisa medida en que, para mí, el texto de Blumenberg es todavía difícilmente descodificable, que se vincula a varias conversaciones recientes—sobre desmetaforización y diferencia ontológica en particular.   Quiero referirme a las páginas finales de Naufragio con espectador desde la traducción al inglés, Shipwreck with Spectator.   Allí Blumenberg introduce un comentario sobre Heidegger que me parece astuto y útil, pero al que Blumenberg parece darle una carga negativa que depende de sus presuposiciones (que son las que no conozco).

La segunda parte de Shiwreck with Spectator es “Prospect for a Theory of Nonconceptuality.” Comienza diciendo que su propia teoría de la metáfora ha cambiado desde tratar de ser un método subsidiario para la historia de los conceptos a concebirse como un “caso especial limitado” de noconceptualidad (81).

La perspectiva metaforológica, por lo tanto, en la versión de Blumenberg, no trataría ya fundamentalmente de incidir en la explicación de la constitución de la conceptualidad, sino que habría girado hacia las conexiones de la metaforicidad, y del sistema de metáforas o incluso de cualquier puntualidad metafórica específica, con “el mundo de la vida como el apoyo constantemente motivante . . . de toda teoría” (81).

Siguen algunas consideraciones donde lo que parece el rasgo dominante es asegurar la estabilidad de la conciencia a partir de los mecanismos metaforizantes—si es así, el proyecto de “asegurar la estabillidad de la conciencia” sería una de las presuposiciones fundamentales de Blumenberg (fundamental en el sentido de que no es una presuposición trivial).   Dice Blumenberg que la metáfora puede ser entendida no sólo como elemento desestabilizador, sino quizá primariamente como todo lo contrario, reparador de desarmonías. “To repair its disharmonies, to again and again find its way back to the harmony of the data as data of one experience, remains the constitutive accomplishment of consciousness, which assures it that it is following reality and not illusions” (82).

Hay una escisión básica entre metáfora e intuición teórica, parece decir Blumenberg, que no es meramente histórica sino estructural.   Esto lleva a Blumenberg a una afirmación de carácter fundamentalmente nietzscheano, y criticada por Heidegger como dependiente absolutamente de la comprensión del mundo como campo de expresión de la Voluntad de poder. Se trata de la división del mundo entre objetualidad propia (susceptible de certeza) y objetualidad potencial o artística, que dependería del entusiasmo estético—verdad en cuanto certeza y arte son dos facultades primarias de la Voluntad de poder. Dice Blumenberg: “The homelessness of metaphor in a world determined by disciplined experience can be seen in the uneasiness encountered by everything that does not meet the standard of a language that tends toward objective univocity. Unless it fits into the opposing tendency, as ‘aesthetic.’ This attribute provides the ultimate, and therefore completely unhampering, license for multiple meaning” (88-89).

Ese sentido múltiple se derivaría de una necesidad elemental de lo humano no colmable por pensamiento teórico o univocidad científica.   Para Blumenberg, una teoría de la noconceptualidad entiende esa “situación de necesidad” como necesidad de “racionalización de una carencia” (96).   La teoría se relaciona con esa racionalización de carencia “supplementing the consideration of what we should do to fulfill the intentionality of consciousness with a—more anthropological—consideration of what we can afford in the way of fulfillments” (96). En mi opinión este es un claro reconocimiento de que la capacidad crítica de la metaforología entendida como teoría de la noconceptualidad tiene un horizonte estrictamente antropológico y antropologista.

Y es desde ahí desde donde se produce el comentario sobre Heidegger, introducido mediante una curiosa referencia al principio de equivalencia general. Blumenberg nos cuenta que el dinero buscó “hacer presente el valor” buscando una conexión con el oro, pero que esa relación oro-dinero debía estar refrendada por la autoridad gobernante.   Pero que el símbolo, en todo caso, no está refrendado. “It maintains distance in order to constitute between object and subject a sphere of nonobjective correlates of thought, the sphere of what can be represented symbolically. It is the possibility of a mere idea having an effect—an idea as the sum of possibilities—just as it is the possibility of value” (98).

And then Blumenberg adds “or the possibility of ‘being’” (98).   De esta forma Blumenberg está ya introduciendo, no sé con qué grado de intencionalidad, una “valorización” del ser como monetización simbólica, lo cual sería, desde el horizonte heideggeriano, una operación altamente ilegítima.  Blumenberg parece acordar con el horizonte general del principio de equivalencia general en cuanto herencia de la Ilustración.   Y esta sería, en nuestra interpretación, una diferencia irreconciliable con los parámetros del pensamiento de Heidegger.

“Do we really understand what was meant by Heidegger`s fundamental ontological question about the ‘meaning of being’?” (98).    Blumenberg habla de un “truco” de sustitución mediante el que Heidegger eludiría la necesidad convencional de dar una definición al decir, en su analítica existencial, en Ser y tiempo, que el Dasein entiende ya siempre de antemano la noción de Ser, de hecho, que el Dasein es ante todo ese saber. Esto tiene implicaciones radicales, fundamentalmente en relación con el acceso al entendimiento de nuestros modos de conducta y sus implicaciones. “That is why the being of Dasein is care, care implies time, and time implies being. Such an answer relates to none of the objects that we know, nor to their totality as a world like the one in which we live. That existence is being-in-the-world means precisely that the world of this ‘being-in’ is not composed of ‘objects’ but cannot be grasped in metaphors either” (99).

Me parece que la descripción de Blumenberg de las implicaciones de la determinación heideggeriana de la diferencia ontológica es correcta en su mayor parte–de nuevo, mis dudas ocurren en el momento de intentar entender por qué esas implicaciones constituirían un problema para Blumenberg. “Heidegger posited an enmity between his question about being and positive scientificity, and this enmity was supposed to be more deeply fundamental than that between intuition and concept, between metaphor and formula. But for this relationship too . . . it is true that the question concerning the ‘meaning of being’ can affect or even occupy us only because the question concerning the conditions of existence is neither decided nor even influenced by it” (100).   No puedo entender a qué remite la expresión “conditions of existence” en Blumenberg, porque me parece que la pregunta por el sentido del ser, o más bien dicho, la noción de la diferencia óntico-ontológica, afecta drásticamente nuestra relación a cualquier posible determinación de “conditions of existence.”

Eso no es trivial, pero puede ser la indicación de un diferendo, de una diferencia irreconciliable entre Heidegger y Blumenberg.  Pero en cualquier caso creo que Blumenberg acierta en casi todo en lo que sigue: “Nothing can be ‘represented’ metaphorically if all elementary modes of behavior towards the world find their original totality in care, whose ontological meaning lies in temporality, which in its turn is probably the unfolded horizon of an ultimate radicality whose designation may be arbitrarily exchangeable (I would also express a caveat concerning this last phrase: the arbitrary exchangeability is mere errancy: factical, yes, but not warranted). To this, the strictest prohibition on metaphors applied” (101)

Pero no es asunto de “la más estricta prohibición,” sino más bien de la necesidad de la destrucción de la metáfora, y del trabajo sostenido en la destrucción de la metáfora y de la historia de la metáfora en el sentido técnico específico de la noción de ¨destrucción” en Heidegger, puesto que la metáfora, en cuanto mediada por la historia de la metafísica o por la historia del ser en su manifestación metafísica, cubre y oculta la posibilidad misma de acceso a la diferencia ontológica.

La demetaforización, que es ónticamente imposible en última instancia, es todavía sin embargo una parte necesaria de la destrucción de la historia de la ontología, tanto de la ontología conceptual como de esa otra ontología no conceptual que forma parte de la ideologización del mundo de la vida.  Blumenberg parece indicar que esto es un error, pero sólo sus presuposiciones, que no son las de Heidegger, pueden justificar su posición.

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One thought on “Hans Blumenberg, Shipwreck with Spectator. (Alberto Moreiras)

  1. Me parece crucial esta diferencia: “De esta forma Blumenberg está ya introduciendo, no sé con qué grado de intencionalidad, una “valorización” del ser como monetización simbólica, lo cual sería, desde el horizonte heideggeriano, una operación altamente ilegítima. Blumenberg parece acordar con el horizonte general del principio de equivalencia general en cuanto herencia de la Ilustración. Y esta sería, en nuestra interpretación, una diferencia irreconciliable con los parámetros del pensamiento de Heidegger.”

    Una pregunta meramente para esclarecer (y para los que no hemos estado muy metido en la armadura tecnica de Heidegger): cual es el estatuo del “care” en tanto sorge en el pensamiento de Hiedegger? El Sorge se encuentra tambien atrapada en la historia de la metafisica desde Aristoteles?

    Me parece que esa seria una de las claves para ver tambien la relacion o los limites antropologicos del pensamiento de Blumemberg, mas alla de si su problema es la teoria de la equivalencia general o no (me parece que no; sino mas bien el problema del “care”, pero no se si es sorge como en Heidegger o es otra cosa…habria que ver eso mejor). G

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