Preguntas sobre Cruel Modernity en relación a la violencia y la infrapolítica

Siguiendo las lecturas del seminario en TAMU y algunos comentarios publicados en el blog, comparto aquí algunas preguntas sobre la violencia y la infrapolítica. Gracias.

Si vemos que la crueldad en latinoamérica no puede ser adjudicada ni a un momento histórico definido –la conquista, la colonia o las formaciones nacionales-, entonces la modernidad no solo es ajena al indígena precolombino y se impone junto con la religión, la lengua y los sistemas políticos republicanos, sino también trasciende la periodificación histórica de los procesos que determinan la constitución de los estados nacionales en la región. Esto último se presenta, problemáticamente, en Cruel Modernity, en tanto Jean Franco propone un estudio sobre el siglo XX y la actualidad. Modernidad, entonces, en tiempos globales, en los que Jean Franco sitúa su trabajo sobre la crueldad en latinoamérica.

Por su lado, uno de los caminos de la infrapolítica es deslindarse de cierta efectividad dada en el apoyo hacia sistemas neoliberales de representación política (la así-llamada marea rosa), en tanto la infrapolítica se enfrenta a la constitución de la hegemonía de acuerdo a conceptos estructurales de la nueva izquierda. Con ello, la infrapolítica podría preguntar por las formas en que otros poderes se distancian, por ejemplo, del estado. Vuelvo a una pregunta de A. Moreiras sobre violencia e infrapolítica, en relación a Cruel Modernity:

“Could we not make the claim that the uncanny surplus of violence in all the histories reviewed by Franco constitutes, precisely, infrapolitical violence?  We know that violence is constitutive of politics.  But how do you still retain a political dimension in the very excess of violence?”

Si pensamos la manera en que Franco trabaja los casos de violencia en relación a la “violencia infrapolítica”, el terror y el totalitarismo de los escenarios de guerra, el terror de la modernidad, los conflictos armados más relevantes del último tiempo en latinoamérica, estos casos se presentan problemáticos cuando aquello no sujeto al estado crece y se desprende simbólica y legalmente, cayendo en prácticas de crueldad. Las decapitaciones y los mensajes de los narcos son ejemplos que trabaja el libro. Pues Jean Franco, siguiendo a Rita Segato, identifica el poder de los narcotraficantes en México con “micro-fascismos”, en tanto ejercicios de control totalitarios sobre territorios en los que el estado pierde su presencia. Para Franco este concepto, se relaciona a su vez, con el feminicidio, en la denuncia a la conformación de una cultura diferente, podríamos decir, cultura narco, en la que la conjunción regresiva de cierto feudalismo y posmodernidad hacen de la violencia contra la mujer un ícono de presencia territorial (223). El feminicidio y el terror de los narcos, su crueldad contra las trabajadoras de las maquiladoras, es también una forma de constitución simbólica de cierta presencia del macho, presencia para-estatal o fuera de la ley en la región fronteriza del norte México.  ¿Cómo entonces, la infrapolítica, afronta el exceso de violencia y su relación con la constitución de poderes para-estatales? ¿Cómo la imposición de una cultura de guerra en los últimos años, la guerra de los carteles de la droga, se relaciona con la infrapolítica, si entre los narcos se constituye otro sujeto dominante, el macho, con rasgos identitarios susceptibles de ser definidos?

Finalmente. Para Franco, la crueldad vendría siendo una motivación primordial en la vida moderna: “Modern Life is anesthetized to such a degree that only evils provides a stimulus, and even that is only achieved with effort” (236). El estímulo que provoca el mal y el ejercicio de la crueldad, entonces, es para Franco un problema que atañe un instinto de auto destrucción en el momento en que la ética y la política se quiebran. En su lectura de 2666 dice:

Once we strip humanity of transcendental destiny, once the utopian has been discredited, once we take away the ethical imperatives of either religious belief or humanism, there is nothing to rein in our infamous desires. What freedom has brought about is self-destruction through the quest of pleasure that leads to boredom or worse.  (235)

Así, Franco, busca conceptualizar la crueldad en la modernidad en su vínculo con el placer, al tiempo que la pérdida de principios religiosos se vuelve problemática.  ¿Qué lugar le queda a la religión? La pregunta por la violencia y la infrapolítica se relaciona entonces con la pregunta por la religión y la infrapolítica, sobre todo considerando los comentarios sobre el culto a la Santa Muerte, en cierto sentido, definida en oposición a cierta estructura fálica dominante y cercana al sadismo y la perversión.  Pero ¿Cómo se relaciona la religión y la crueldad con la constitución histórica de la modernidad? La crueldad en la modernidad se da también a través de la superación de la fuerza del estado a partir de grupos armados ubicados en cierta continuidad histórica, en el caso mexicano, de paramilitares que participaron en la Guerra Civil de Guatemala ¿Son entonces el quiebre con la política del estado y con la ética de sus leyes, las condiciones que hacen posible la crueldad? Si es así, ¿cuál sería entonces el papel de la infrapolítica frente a poderes “micro-fascistas” situados más allá de la hegemonía estatal?  O bien, ¿Cómo puede la infrapolítica dar cuenta de tales formas de violencia y de la religión que simboliza a éstas? Sin duda, la violencia, la crueldad que propone Franco en su libro nos interpela en el papel como lectores y en el papel de la academia. Sin embargo, el trabajo sobre diferentes casos de estudio propios a la historicidad de latinoamérica (las dictaduras, las guerrillas, los paramilitares, las masacres, la tortura, los carteles de droga, etc), abren una pregunta ¿Hasta qué punto la historia de latinoamérica, implica también la construcción de algún sujeto latinoamericano, determinado por condiciones históricas y culturales similares, en el caso del libro condiciones dadas contra ciertas clases y razas, el oprimido del tercer mundo, víctimas de la crueldad?

Finalmente, cabe preguntarse también cómo el libro en sí, no sólo los casos de violencia que describe, se relaciona con la infrapolítica, o bien, si este libro se conforma como un ejercicio histórico que vuelve (su excesiva información, sus continuidades, su final apocalíptico) a proponer algunas reducciones y definiciones de latinoamérica, aun cuando rompiendo marcos disciplinares (historia, literatura, fotografía, arte), desde las atrocidades y los excesos de violencia que determinarían la modernidad de la región?

Gracias.

Juan Leal

Umich.

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One thought on “Preguntas sobre Cruel Modernity en relación a la violencia y la infrapolítica

  1. Juan, good questions, but we should not ask infrapolitics to do work it can’t do. It is a specific register, and we should dwell on that specificity lest we lose it. For instance, the infrapolitical question re narco violence is, how do people relate to it? How do they subtract themselves from the nightmare, and find an accommodation? How do they live the nightmare? It is not and can never be, how can infrapolitics stop narco violence? The latter question is a properly political question. Take Javier Valdéz Cárdenas’ books, Los morros del narco, or Miss Narco. He studies infrapolitical dimensions of narco violence, let’s call them infrapolitical effects, although it is also important to keep in mind that the infrapolitical is not an effect primarily. Or take the Santa Muerte cult. Or take the sublimation of the narco hero in narcocorridos. Or take, simply, the aestheticization of violence–say, something as simple as hanging a little plastic AK-47 from your windshield mirror, where you can see a number of mechanisms deploy themselves apotropaically: the exploration of the productivity of the fetish, making things visible, a particular way of taming narco exploitation through identificatory subtraction or self-subtraction. The questions should be: how do we explore the productivity of critical categories to understand and relate to, to articulate these things? So as not to continue with the tired clichés, whether moralist or properly political, which is all we have at this point–knowing they are just a mark of impotence at every level.

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