Breve nota acerca de la posición de Martínez Marzoa respecto del nihilismo. By Guillermo García Ureña.

Acerca de la cuestión del nihilismo en Marzoa y Derrida. Mi intervención venía a expresar dudas acerca de una oposición que Alberto establecía entre abrir una brecha hacia un algo otro que el nihilismo (y ahí situaría, si no me equivoco en resumir lo que dijo Alberto, a Levinas y a Derrida) y una comprensión de nuestra época o tiempo nihílico como insuperable, ante lo que no quedaría más que hermenéutica (aquí entraría Leyte y Marzoa). Yo pienso que esta oposición nos lleva a malentendidos a la hora de leer la obra de Marzoa. Del modo en que la entiendo, no es que no haya un más allá del nihilismo o que su pensamiento se conforme con el mero comprender, sino todo lo contrario. El problema de la situación nihílica como nuestro tiempo es que no se manifiesta como tal, y de ahí que la tarea no sea otra que la asunción del nihilismo por cuanto en su comparecer estaría, entiendo yo a Marzoa, su disolución o su posible apertura a otra cosa. En este sentido la tarea de comprender el nihilismo no es una actitud complaciente anti-praxis sino la continua sospecha de que la práctica como salida del nihilismo no sea sino otra forma de encubrirlo, sea en forma de fetichismo (que vela el principio de intercambiabilidad de las cosas entre sí), sea en forma de recuperación de valores, en la forma nietzcheana del último hombre.

No niego que la falta de diálogo (al menos explícito) con otros pensadores de influencia heideggeriana, por caso Derrida, haya quitado alcance a las obras de Marzoa y Leyte, pero en todo caso no veo que la obra de Marzoa no vaya en dirección de una salida del nihilismo, sino que su estilo (por seguir el hilo aquí apuntado) le lleva por un camino distinto en la asunción del nihilismo, más parco y menos original, pero no por ello no deconstructivo con la metafísica (de ahí el subproyecto que tenemos en marcha de una interpretación de Marzoa desde el seminario de Infrapolitical Deconstruction).

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13 thoughts on “Breve nota acerca de la posición de Martínez Marzoa respecto del nihilismo. By Guillermo García Ureña.

  1. Copio parte de unos comentarios de Alberto y míos en Crítica y Teoría:

    Alberto Moreiras: Sí, de acuerdo. Nadie que está tratando de entender el nihilismo quiere estar en él. Pero el problema con esa hermenéutica sigue existiendo a un nivel que, con Schurmann, podemos tratar de entender como cierta pervivencia de la relación árquica, es decir, del sometimiento de la acción a principios. Por supuesto esta hermenéutica, que ciframos en los nombres de Martínez Marzoa y Leyte, rechaza tal sometimiento. Pero en ese rechazo es muy renuente a abrir la posibilidad de una liberación de la acción. Que, sin embargo, es lo esencial tanto en Derrida como en Levinas. De ahí la diferencia, que, como tú sugieres, conviene entender bien, sin apresuramientos, pero para entenderla como diferencia, pues creo que la hay. Podríamos plantear una hipótesis de análisis quizá radical, quizá falsa, que sería: la hermenéutica no busca el paso hacia la infrapolítica, aunque quizá lo quiera, mientras que la deconstrucción busca el paso hacia la infrapolítica sin quererlo.

    Guillermo García Ureña: Puedo ver lo que dices, aunque el cometido que Marzoa se propone sea centralmente el de la comprensión, también es cierto que su obra es muy reticente a la apertura de la acción. Quizá por eso mismo sea importante que nuestro monográfico acerca de su obra se lleve a cabo, para desencorsetarla del ambiente academicista español y llevarlo a un terreno más productivo intelectualmente.

    Alberto Moreiras: La crítica del principio de equivalencia está en Marzoa desde muy antiguo, y es una idea fundamental. Sólo recientemente Nancy ha empezado a tematizarla, si bien con fuerte insistencia. Creo que es una de las grandes intuiciones del pensamiento contemporáneo, y está todavía infrateorizada. Pero conviene entender que, a pesar de que ni Derrida ni Levinas se refirieron explícitamente a ello, sus pensamientos respectivos no pueden vincularse, precisamente, ni al fetichismo ni al último hombre. Totalmente de acuerdo en que la posición de base tanto en Martínez Marzoa como en Leyte es deconstructiva, desde Heidegger.

  2. Tengo la impresión, sin revisar los textos, de que Marzoa no ve nada negativo en lo que el califica habitualmente de nihilismo, pues éste no sería sino la redución progresiva a mera forma de todo nuestro horizonte normativo (moral, jurídico, político). Su plasmación definitiva no podría ser sino la república democrática. Si esta clave es cierta, no habría, entonces, ninguna salida que buscar al nihilismo, no habría otra tarea mejor que la de su perfecta consumación. Los males normativos estarían, por el contrario, en el anti-nihilismo, o antiformalismo, pues sería una manera de hacer valer privilegios, jerarquías, imposiciones, frente a la rigurosa igualdad del uno es cualquier otro, la estricta universalidad, etc. Creo que habría que delimitar con claridad qué entiende exactamente Marzoa con “nihilismo”.

  3. Gracias, Jorge, por el comentario, porque creo que aclara posiciones. Efectivamente Marzoa no hace un juicio de valor negativo-positivo sobre el nihilismo, sino que lo interpreta como la consumación de la metafísica a la par que la reducción formal de la que hablas (el que no haya contenidos vinculantes). En ese sentido, ese estado de cosas llamado nihilismo no es algo de suyo “malo”. El problema, según leo a Marzoa, es que dentro de la situación nihílica sólo caben dos posibilidades: el encubrimiento del nihilismo (el hacer como si no hubiera tal), que deriva en jerarquías, privilegios, etc.; y la asunción del nihilismo, que en vez de intentar restaurar viejos criterios o patrones lleva a un marcado formalismo precisamente por la falta de contenidos válidos o vinculantes. En ese sentido mi comentario inicial trataba de señalar que la oposición que hizo Alberto en un primer momento desdibujaba la postura de Marzoa, por cuanto la única salida al estado de cosas nihílico (sin decir que eso sea o no lo deseable) no pasaba sino por la asunción radical de esa situación, que identificaríamos con su labor hermenéutica. En ese sentido creo yo que en Marzoa, de haber algo otro que nihilismo, sólo puede acontecer a través del tránsito y asunción (y explicitación) del nihilismo mismo. Por tanto, esto me lleva a aceptar la oposición de Alberto de que Marzoa no busca una salida al nihilismo; ahora bien, de buscarla, sólo podría hacerla, según yo entiendo, en esa labor hermenéutica de asunción y explicitación, que es lo que hace.

  4. Algunos fragmentos de Marzoa:

    “El nihilismo no aparece ahora; el nihilismo es la metafísica misma, sólo que la metafísica no puede saber que lo es; por eso reconocer el nihilismo como la naturaleza más profunda de la metafísica es en cierta manera “superar” la metafísica, pero ¿cabe hablar también, para esta u otra operación, en uno u otro sentido, de “superar” el nihilismo?, ¿cabe hablar del nihilismo como algo que pueda o deba ser “superado”?

    […]

    La cuestión antes aludida de si tiene sentido referirse a una posible”superación” del nihilismo debe permanecer como pregunta, pues pretender darle una u otra respuesta sería ya falsear el sentido del pensamiento de Nietzsche, según el cual la verdadera alternativa es esta otra: el nihilismo se ignora o se asume. Y el que de nuevo algo quizá pueda alguna vez valer, eso pasa, por de pronto, por asumir sin subterfugios el nihilismo, y, de entrada, la tarea no puede ser otra que esta. Tal es incluso la única manera de asumir la propia tradición metafísica, pues, como ya hemos visto, la metafísica es nihilismo y el nihilismo es la metafísica. Una vez que la metafísica, a través de su propia historia, ha acabado por hacer efectiva su propia esencia nihilista, una vez, pues, que nos hemos quedado sin nada, la verdadera alternativa es: o bien -y esto es lo inmediato y ordinario-: el nihilismo impera sin ser reconocido, y entonces precisamente es más fácil que nunca el hablar de criterios y normas y valores, porque tal charla no dice nada, y se puede estar más seguro que nunca de todo, porque nada compromete a nada, etc., todo lo cual es lo que Nietzsche llama a veces “el último hombre”; o bien -y esto es lo raro y difícil- se asume el nihilismo como tal, es decir, se prescinde de aquella charla, se sabe y se siente que nada vale nada, lo cual, con todo lo que a ello sea inherente y que está por pensar, es lo que Nietzsche llama a veces “el transhombre” (der Übermensch). Debe insistirse en que este segundo miembro de la alternativa es el que de algún modo salva la propia tradición metafísica, y en que este y no otro es el motivo de que el pensador no pueda ser neutral en la encrucijada de los dos caminos. De esta no neutralidad forma parte también el que el último hombre es la situación por así decir espontánea y fácil; al nihilismo es inherente el no ser en principio reconocido como tal. Por eso Nietzsche gusta de presentar su tesis del nihilismo como el anuncio de un acontecimiento que, habiendo ocurrido ya y siendo obra “nuestra”, a la vez todavía no ha llegado a “nuestro” conocimiento. El acontecimiento en cuestión se formula a veces con la frase “Dios ha muerto”, donde -a estas alturas ya no hará falta decirlo- “Dios” no significa nada específicamente “teológico” ni “metafísico” en ningún sentido habitual de estas palabras, sino que significa eso que hemos tratado de exponer como el significado que en Nietzsche tiene lo transensible”.

    Martínez Marzoa, Historia de la filosofía (vol. 2), pág. 250

  5. “En Nietzsche, como es sabido, la palabra “nihilismo” designa el estado de cosas pendiente de asunción. Las raíces de que el estado de cosas sea ese tienen que ver con el hecho mismo de que tenga lugar en general lo que llamamos “el estado de cosas”. En efecto, el que de alguna manera comparezca o acontezca el juego mismo como tal, esto es, se vuelva relevante no esta o aquella cosa, sino en qué consiste el que haya cosa, comporta una cierta pérdida o detención de eso mismo que así acontece. Podemos incluso hacer un poco más detallado este esquematismo: la comparecencia de aquello en lo que consiste que haya cosa comporta que ello comparece como tal o cual, esto es, que hay un cierto “ser (ser cosa) consiste en . . . “, y esto significa algo así como criterio(s) del “ser cosa”; entonces el que algo tenga la condición de cosa o de ente ya no consiste en la inmediatez, sino en una mediación; lo en verdad ente es un “trans-“; eso de “lo en verdad ente” es una redundancia y, sin embargo, no podemos evitarlo, porque la propia condición de ente ha pasado a ser mediada, los criterios lo son de entidad, de qué es y qué no es ente, y a la vez son criterios, lo cual implica que algo (por lo tanto: ente) queda fuera; esta notable situación comporta que lo en verdad ente está obligado a manifestarse como precisamente todo lo ente; pero, cuando esto se haya cumplido, entonces se habrá hecho valer lo que ya estaba en el primer desdoblamiento, a saber: que negando lo “otro” se niega también lo “uno” y no hay ni lo uno ni lo otro; la historia que empieza con “en qué consiste el haber” termina en que simplemente “no hay”.

    Llegado este punto, la contraposición válida no es la que supuestamente habría entre el nihilismo y alguna otra cosa, sino la que hay en el propio fenómeno que llamamos nihilismo, a saber: nihilismo como mero estado de cosas nihílico frente a nihilismo como asunción (apropiación) de ese mismo estado de cosas. Esta contraposición es la que hay entre las figuras nietzscheanas del “último hombre” y el “transhombre”, y esa misma oposición es la que constituye todo el proyecto de Nietzsche, el cual puede ser definido como el proyecto de la asunción del nihilismo. Así, las nociones clave del pensamiento de Nietzsche (como el eterno retorno y la voluntad de poder) pueden ser detalladamente interpretadas como intentos de diseñar un “andar con” las cosas que se atenga en efecto y radicalmente a la situación nihílica, pues se asume, por parte de Nietzsche, que esto es precisamente lo más difícil, lo que requiere un más largo y metódico esfuerzo, y lo es precisamente porque a la situación (nihílica) es inherente no reconocerse como tal. Pues bien, el “no hay”, la ausencia de contenidos vinculantes, significa que no estoy vinculado por nada y, en consecuencia, algo así como que hago lo que me da la gana, y en esto está incluido el que el “yo” aludido en esta misma fórmula, precisamente por su ausencia de vinculación, es cualquiera, de manera que el despliegue semántico de ese “hago lo que me da la gana” es exactamente el principio que por otras vías habíamos encontrado en los capítulos anteriores como el concepto mismo del derecho. La interpretación de Nietzsche que acabamos de esbozar en relación con nuestra propia investigación es válida sin que para ello sean óbice los frecuentes ejercicios retóricos, de fraseología que pretende ser nietzscheana, en contra de la “igualdad”, que ignoran el conocido argumento “erístico” de procedencia griega según el cual, dado que la diferencia de A con respecto a B es a la vez la de B con respecto a A, ambos, A y B, son iguales precisamente en cuanto que son diferentes y no otra cosa que la diferencia es la igualdad. Aplicado a nuestro presente asunto, el argumento dice que la única igualdad consistentemente pensable es la garantía de la posibilidad de la diferencia; otra “igualdad”, que consistiese en precisamente ser iguales, no es concepto alguno, porque no resiste el análisis semántico; el derecho igual no es sino el igual derecho a hacer usos máximamente desiguales de él, y la desaparición de la desigualdad ficticia y preestablecida no es sino la base para el ejercicio de la efectiva desigualdad, mientras que la desigualdad prefijada es igualdad impuesta”.
    ,
    Martínez Marzoa, El concepto de lo civil, pág. 110 y ss.

  6. Muchas gracias Guillermo por la pertinencia de los textos. En efecto, Marzoa juzga que, en definitiva, lo que el nihilismo viene a traer consigo, sin saberlo, no es otra cosa que el concepto mismo de derecho (igualdad, universalidad), por lo que la tarea crítica no es sino explicitarlo, lo que significa abandonar la actitud del que vive en la situación nihílica aproblemáticamente.. Pero esa tematización, ¿Que otra cosa es sino la lucha por la república democrática? Es decir, un intento de que la idea de derecho se haga realidad, de llevar, por tanto, el nihilismo a sus últimas consecuencias. Desde esa perspectiva no habría contraposición entre hermenéutica y praxis. Marzoa no estaría sino leyendo filosóficamente a Marx.

  7. Me había perdido esto, pues no me llegaron notificaciones, no sé por qué. Gracias por las citas, Guillermo, realmente espléndidas para situar el problema. Recuerdo que también Leyte en alguna entrevista en El Pais se mandó la idea de que la democracia era nihilismo, sin duda escandalosa para un público de periódico. Pero en el contexto que habéis establecido se entiende que también ellos dos, Marzoa y Leyte, están pensando el problema de la pérdida de legitimidad como condición radical de democracia que empezamos a discutir en El Escorial hace año y pico. Esto es, como recordaréis que me parecía en aquel entonces, importante, porque la legitimidad es siempre instancia de hegemonía. Una democracia nihílica o nihilista es necesariamente una democracia posthegemónica.

  8. Creo que hay una confusión, y es identificar sin más nihilismo y fin de toda legitimación. Solo puede hacerse esto con el primer sentido que da Marzoa a nihilismo, como situación nihílica no tematizada como tal, lo que el califica de lo más propio del nihilismo. Pero en un segundo sentido, el de asumir el nihilismo, de llevarlo hasta el final, lejos de ser fin de toda legitimación, yo diría que no la hay más fuerte, es por lo que luchamos en realidad; por la plasmación del concepto mismo de derecho. A la luz de él, las demás políticas quedan deslegitimadas como incoherentes. Lo que legitima justamente es lo que aparece como vaciedad (nihilismo), la estricta universalidad, la forma pura. Esa situación, que en realidad nunca se dará, es una comunidad no inobrable -porque no obedezca a plan y acción en el sentido convencional-, sino inhallable -por nunca realizable-, si se pudiera denominar “posthegemónica” es porque la legitimidad allí encarnada no es la de fuerza de parte social alguna,en ella no hay hegemonía de nadie, es la de la pura hegemonía del derecho mismo, posthegemonía por tanto.

  9. Creo que no se trata de confusión ni de “desdibujar” la postura de Martínez Marzoa, sino de interpretarla en relación a la cosa misma. Me parece que no se trata de decir que el nihilismo consumado equivale de alguna forma a la instalación de la república kantiana del último humano, cuando habremos llegado a la reducción final del estado de naturaleza, etc. El nihilismo consumado no puede traer la máxima legitimidad democrática. En realidad trae máxima ilegitimidad de cualquier reivindicación legitimista, incluida la de los poderosos, o la de los nihilistas ciegos a su propia condición, lo cual puede o no ser punto de partida para alguna otra cosa, aquí sí que es claro Felipe.

    • Debemos delimitar con cuidado si hablamos de nihilismo en el sentido de Marzoa o en otro, si no el debate se pierde en numerosos malentendidos. En el sentido de Marzoa, al menos como yo lo veo, asumir el nihilismo significaría extraer la estructura de fondo que arrastra sin saber: el concepto mismo de derecho. Esto es lo que debiera conducir a la república democrática, a lo que sería el máximo grado de legitimidad que cabe: plasmación del derecho mismo. La ilegitimidad por doquier, imperio, en realidad, de la fuerza malamente disimulada bajo cualquier ideologema, eso es el nihilismo sin más; no hace falta ninguna tarea crítica para extenderlo, va por su propio pie.
      Ahora bien, la realización total del derecho sería en realidad el camino de su desaparición, pues cuando se ha llegado a la máxima universalidad e igualdad, nadie es excluido; contra Ranciere, ya no habría parte de los sin-parte; y eso significaría, entonces, fin de la pertinencia del concepto de legitimidad (y, obviamente, de su contrario, ilegitimidad) pues carecería de sentido tal perspectiva en la inclusión total; por lo mismo cualquier otra categoría normativa atinente al derecho: justicia/injusticia, proporcionalidad/desmesura, etc.

  10. Hay al menos cuatro proyectos en esta conversación, y en las preliminares de Facebook. !. Entender el nihilismo como fenómeno en general, asociado a la historia de la metafísica y de la técnica, y ya implícito en Platón si hemos de creer a Heidegger. 2. Entender el sentido preciso de su elucidación en Martínez Marzoa, y en Leyte. 3. Buscar una confrontación crítica con la elucidación propuesta por MM y L. 4. Buscar una confrontación crítica con el fenómeno en general. Esta conversación ayuda mucho a 2, por supuesto. Yo no he estudiado suficientemente a Marzoa, aunque tengo la intención de hacerlo. Mi intuición original, que es la que ha sido contestada, sin duda descansa en un conocimiento insuficiente, pero no tan insuficiente que no me permita ver la necesidad de 3, desde mi punto de vista. Para llegar a 1 y a 4. En fin, ese es el juego. La preparación del monográfico sin duda servirá para aclarar todo esto.

    • Me parece un buen guión, bien orientado Yo no comparto del todo, debido particularmente a su formalismo y logicismo, la concepción de Marzoa, que tuve oportunidad de comentar con él en un par de ocasiones -creo que circuló en su momento una grabación. También creo que no se pueden dar por situadas de la misma manera la interpretación heideggeriana de Marzoa y la de Leyte, el peso que tiene, por ejemplo, Marx en la primera desaparece en la segunda, y esto es muy relevante en el punto del nihilismo.

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